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martes, 31 de enero de 2012

Pasmo nº 80: Quien roba a un ladrón...

Es difícil creo yo negar que en, o a través de, Megaupload se estaban cometiendo hechos delictivos.

Es difícil también negar el derecho que tienen artistas y creadores de contenidos culturales a ganar un beneficio con su trabajo. A vivir de él, vamos.

Es este sentido parece claro que los defensores de la piratería, del gratis total, lo que son es unos jetas que quieren aprovecharse sin pagar del trabajo de los demás.
Hasta aquí de acuerdo, pero como casi todo, este asunto tiene muchas caras. Vamos a verlo.

Imaginen que en su momento no pude (o no quise) ir al cine a ver una película cualquiera. No me voy a cosas raras, cojamos una peli reciente, comercial y taquillera como por ejemplo: “El origen del Planeta de los Simios” (2011).
Ahora me entra el gusanillo y quiero verla (sólo una vez, no la considero una pieza de coleccionista).

¿Qué puedo hacer? Veamos las alternativas legales.

- Puedo ir a una tienda (FNAC, El Corte Inglés,...) y comprármela: De 17 a 20 € y la película, después de verla una vez, se queda en mi estantería ocupando sitio y criando polvo. Un precio excesivo por ver una peli en mi tele ¿no creen?

- Puedo comprarla en Internet. Uno de los pocos (o casi el único) sitios legales que existen es itunes. Puedo bajármela por 14 € y grabarla en un CD, DVD, Pen Drive... para verla en mi tele. Me sigue pareciendo caro para verla en mi tele (Sin V.O., Subtítulos,...) Habida cuenta que en el cine con pantalla grande me sale por unos 7-8 €. Claro, con esta opción podré verla todas las veces que quiera, pero estoy pagando por un servicio que no necesito. ¡¡Sólo quiero verla una vez!!

- Puedo alquilarla por Internet. Esta opción sólo me permite verla una vez. ¡Justo lo que quiero! Parece que he encontrado mi alternativa. Pero, ¡vaya! En itunes no existe la opción de alquiler para esta peli. Busco pelis que se puedan alquilar, bastante pocas (y si no encuentro la que yo quiero ¿qué hago?). Al final encuentro una, vale 4 €, un precio más asequible, pero resulta que sólo puedo verla en mi ordenador (o ipod, tablet,...). Para verla en mi tele tengo que comprarme un aparatito (Apple tv) ¡por 120 €!.

En la opción de compra quiero destacar que los precios varían, películas más antiguas o menos demandadas puedo encontrarla a precios más asequibles (unos 8 €), pero el catálogo (espero que por ahora) es bastante limitado. MUCHAS pelis clásicas (y no tan clásicas) no están disponibles (¿qué hago entonces?). Piensen en todo caso que al venderla como contenido digital se están ahorrando: grabar un DVD, la caja con todo su grafismo, gastos de local, dependientes que te atiendan...

No sé, da la impresión de que todo el ahorro de costes que supone la venta digital no se está repercutiendo en el cliente. Muchos usuarios manifiestan que se sienten estafados con estos precios y este servicio. O no encuentran la peli que quieren (¿qué hacen entonces?) o está carísima. Algunos dicen directamente que (sobre todo al no haber alternativas asequibles) esto es un robo
Y ya se sabe: “Quien roba a un ladrón...”

Al final el asunto es que se está tratando de acabar con la piratería (lo cual me parece bien) antes de dar alternativas asequibles y con buen servicio (catálogos amplios, diferentes idiomas en audio y subtítulos...) a los que quieren (queremos) ser legales. Hace falta palo y zanahoria. Con sólo el palo no van a conseguir nada.

Nota: Este artículo no es fruto de una investigación exhaustiva, sólo he cogido ejemplos al azar pero que creo que son ilustrativos de la situación. Si investigan más detalladamente podrán encontrar más variedad de precios. El problema es que no me compro una peli por el factor precio. Quiero comprarme la que me interesa ver.

martes, 15 de noviembre de 2011

Pasmo nº 71: La curiosa teoría de los "cajones mentales".


El otro día discutía yo con un tipo muy muy conservador y en un momento dado me soltó algo como: - "...porque VOSOTROS los que pensáis ESTO y lo OTRO..."

Yo frené en seco: "¡Eh, eh! ¿Quiénes somos NOSOTROS? ¿y que yo pienso QUÉ?

En algún momento de nuestra conversación se había agarrado a alguna de las cosas que yo dije y basándose en ella me había incluido por las buenas en algún grupo (quizás imaginario) de "rojos peligrosos" y automáticamente me había adscrito (pobre de mi) todas las ideas que el atribuía a ese grupo. Ya no estaba discutiendo contra mi. Estaba discutiendo con una idea mental que había superpuesto torpemente a mi humilde persona. Curiosamente otros, siguiendo el mismo procedimiento me han llamado facha e incluso franquista (atribuyéndome incluso alguna connivencia o complacencia en los crímenes de ese régimen que yo no llegué a vivir).

Todo esto me recuerda mi vieja teoría de los "cajones mentales". Supongo que la habré leído u oído en alguna parte, pero no recuerdo dónde.

La cuestión es que la mente humana no es un todo continuo sino que está dividida en compartimentos más o menos estancos que yo llamo "cajones mentales". Cuando una idea o concepto nuevo llega a nuestra mente, no puede andar suelta por ahí, sino que debe ser introducida en un cajón junto con otras ideas que consideramos, por algún motivo, similares.

Pero no sólo eso, sino que las ideas son como las cerezas, se enganchan unas a otras, de forma que cuando echamos mano de una de ellas no podemos evitar que muchas más la sigan.

Este proceso facilita y simplifica mucho nuestros procesos mentales y nos hace ser muy rápidos en nuestra comprensión del mundo, pero también nos hace caer en generalizaciones absurdas que nos hacen muy difícil razonar de forma lógica y ecuánime.

Imaginemos que, por alguna razón, hemos metido el concepto "energía nuclear" en el cajón de "FACHA". En el momento en que alguien nos dice que defiende la energía nuclear, sacamos esa idea de su cajón, arrastrando con ella muchas más. Inmediatamente, y hasta que no se demuestre lo contrario, este señor será católico, estará en contra del matrimonio homosexual, le gustarán los toros... Y aunque nos diga lo contrario, algunos dirán que lo hace para disimular o engañarnos, pero en el fondo... Esto me lo han dicho a mi cuando, enumerando mi ideario político, he tratado de demostrar que no era de derechas. Para algunas personas su cajón mental nunca miente. Yo he criticado a ZP y he sido por ello tachado de franquista diga lo que diga. Al parecer, todo es uno. No hay puntos intermedios.

Por todo ello, que un partido político se niegue a etiquetarse como de derechas o de izquierdas es algo que incomoda profundamente a cierta gente. Se empeñan en etiquetarlo como sea y algunos, agarrándose a alguna de sus propuestas, lo tacharán de izquierdista y otros de derechista. Y hablo del mismo partido. Y lo más curioso es que, molestos por su negativa a definirse según el esquema que a ellos les resulta cómodo, no lo tacharán de "moderado", sino en cualquiera de los dos casos de "extremista". ¿Puede un partido ser a la vez (según diferentes personas, eso sí) de extrema derecha y de extrema izquierda? Al parecer sí.

Pero es comprensible. Si un partido se define como de derechas o de izquierdas ya sé, en un segundo, qué defiende y qué no. Y más importante, en un segundo sé si es de los míos o no. Pero si no se define tengo que estudiar TODAS sus propuestas una a una y decidir si me convencen o no lo suficiente como para votarles. Es complejo, es fatigoso. Mucho más cómodas las etiquetas. ¡Donde va a parar!

La publicidad también funciona, creo yo, según este esquema. Cuando en un anuncio vemos a un tipo conduciendo un coche y con una rubia despampanante al lado, nadie cree (espero) que por comprarse ese coche ese pedazo de mujer vaya a aparecer en su vida.

Lo que pretende el publicista es que almacenemos ese modelo de coche en el mismo cajón en que almacenamos el sexo, o el lujo u otros conceptos que consideramos atractivos y deseables.

Cuando vayamos a comprarnos coche, tiraremos de esa marca y junto con ella (espera el publicista) saldrán enganchados otros conceptos que nos resultan positivos y refuerzan la imagen del producto.

¿Por qué si no en los anuncios de un producto como el coche, que se supone de compra razonada y comparada, casi nunca se resaltan los datos técnicos? (Muchas veces ni se nombran).

Y eso es todo. Si les convence la teoría pónganme en un buen cajón ;)

martes, 8 de noviembre de 2011

Pasmo nº 69: Carlos Martínez Gorriarán o la inteligencia emocional


No sé si el señor Martínez Gorriarán leerá esta entrada, espero que sí. Por eso quiero dejar claro que no escribo con intención de molestarle sino desde la admiración que le profeso y desde las ganas de ayudar a un partido que goza de mis simpatías.

Y es que el señor Martínez Gorriarán me ha dejado un poco "pasmado" e incluso podría decir que defraudado con la última intervención suya que he leído:


El señor Martínez Gorriarán ha estado brillante, como siempre. No me cabía ninguna duda de eso, pero también lo he encontrado seco e incluso arisco en algunas respuestas. Tenga en cuenta, señor Martínez Gorriarán que es usted el que trata de convencer de algo. Es usted, si se me permite la expresión, el que trata de "vender la moto". Y para eso no basta la fría y cortante lógica.

Las preguntas de los lectores (no sé si con moderación previa o no) no me han parecido demasiado agresivas (sobre todo teniendo en cuenta la animadversión que se muestra en el diario Público hacia UPyD) pero en cuanto la cosa se salía mínimamente de las estrictas preguntas sobre el programa, las respuestas me han parecido demasiado secas y cortantes (en mi opinión al menos).

Permítanme analizar algunas:

- EL señor Martínez Gorriarán empieza con una curiosa afirmación: "Buenas tardes a todos. Comezamos, contestare todo lo que tenga sentido, gracias."
¿A todo lo que tenga sentido, señor Gorriarán?¿Y quién juzga eso? Y más importante ¿qué aporta esa coletilla al mensaje que trata usted de transmitir? No comienza usted de forma simpática ¿Quizás sobraba eso del sentido?

- Pero fíjense, un lector plantea la misma inquietud que yo (o sea que no soy el único al que le ha parecido una entrada poco afortunada): "Buenas tardes ¿va a contestar lo que usted cree que tiene sentido o va a respetar lo que los lectores hemos decidido que lo tiene con nuestros votos? ¿esta afirmación, de entrada poco respetuosa, como sus tuits, resume su talante?"

Vean la respuesta del señor Martínez Gorriarán:

"Si te crees que "tener sentido" es una decisión arbitraria o algo estadístico, en vez de una propiedad lógica de una expresión... Hay que estudiar más filosofía. Buenas tardes."

¿No es una respuesta un tanto desabrida? ¿Era necesario contestar así? ¿No se podía haber suavizado un poco la cuestión en vez de empeorarla?

- Y seguimos, ante otra pregunta de un lector: "¿ Por qué UPyD tiene más afinidad con la derecha? y si es tan amable Don Carlos, no me niegue lo que es evidente. Gracias."

Se me ocurren varias respuestas, por ejemplo se le podía haber dicho al lector que eso de que UPyD tiene más afinidad con la derecha es un lugar común utilizado por los que quieren atacar a este partido y le animaría a leerse el programa político para que juzgara por si mismo si eso es cierto o no, siguiendo su propio criterio y no lo que escucha por ahí.

En vez de algo por el estilo, el señor Martínez Gorriarán ha contestado lo siguiente:
"Si a usted le parece evidente, ¿para qué pregunta? Eso es un prejuicio con la respuesta puesta, no una pregunta. Buenas tardes."

¿De verdad hacía falta ser tan arisco y cortante? Usted, señor Martínez Gorriarán, quiere el voto de ese señor, o al menos no querrá su antipatía y enemistad frontal. ¿O me equivoco?

Y podría seguir, pero creo que son los ejemplos más claros de lo que quiero decir.

Les dejo con dos frases que siempre cito cuando me toca hablar de marketing y/o comunicación:

"Podrán olvidarse de lo que dijiste, pero no de cómo les has hecho sentir."

"Cuando se trata de convencer a alguien, de nada sirve ganar la batalla de la lógica si se pierde la de los sentimientos".

O como dice la sabiduría popular, se atraen más moscas con miel que con vinagre. No digo que haya que mentir ni hacer demagogias baratas para regalar los oídos poco exigentes (bastante zapaterismo hemos tenido ya) pero hay muchas formas de decir las cosas, ¿por qué no elegir la más amable, cordial, cercana,...?

Y acabo ya reiterando mi respeto y admiración por el señor Martínez Gorriarán y esperando no haber molestado a él ni a nadie con mis reflexiones. Siempre he pensado que la autocrítica es importante y los partidos "viejunos" no nos tienen acostumbrados a ella, pero UPyD es un partido diferente ¿o no?

domingo, 10 de julio de 2011

Pasmo nº 53: Los fallos del capitalismo (o el síndrome de las cuchillas infinitas)

Quienes me conocen saben que no soy precisamente un fan del capitalismo ni del libre mercado. Aunque desde luego no llego a los límites de algunos muchachos del 15-M:

Esos malísimos mercados II

Sin llegar a estos límites revolucionarios si que pienso que el sistema capitalista es un sistema que produce grandes problemas, desajustes e injusticias. Y desde luego el liberalismo sin freno ni control basado en la "bondad" de los mercados me parece un sistema tan utópico e irreal como el comunismo más extremo.

La teoría económica más ortodoxa dice que "Los mercados aseguran la asignación eficiente de los recursos con la información que transmiten los precios". Es decir, se asignan recursos productivos en aquello que la sociedad demanda y necesita, en la cantidad óptima y de la forma más eficiente posible (producir más con los mínimos recursos).

Pues a mi, perdónenme, me resulta difícil creer en este tipo de afirmaciones. Es posible que el libre mercado funcione mejor que otros sistemas que se han probado, pero de ahí a llamar "eficiente" a ciertas cosas...

Imaginen ustedes un mercado, un sector productivo determinado, compuesto de dos empresas. Ya sé que el buen funcionamiento del libre mercado exige un número de empresas virtualmente infinito pero me viene mejor para el ejemplo y además la realidad se acerca más al oligopolio en la mayoría de los sectores que al ideal de la "competencia perfecta". Pues bien, en este sector del que hablo, se ha alcanzado una notable eficiencia. Se fabrica bien y a bajo coste, y el producto ha alcanzado una gran calidad. O sea, que satisface de forma más que correcta las necesidades de los consumidores y, lo más importante, es realmente complejo y costoso realizar mejoras en el producto realmente significativas.

Parecería lógico pensar que estas empresas deberían dedicarse a producir su producto tranquilamente y en todo caso a buscar la expansión en nuevos mercados y productos. Pero esto no es así. En el sistema capitalista existe siempre la presión de la competencia y el teorema (creo que incluso me lo han demostrado alguna vez con formulillas y tal) de que si no creces te acabas hundiendo.

Nuestras dos empresas, A y B, viven en constante tensión, intentándose arrancar cuota de mercado la una a la otra. ¿Y cómo? Lo de bajar precios (que beneficiaría al consumidor) llega un momento que se acaba y además las empresas buscan por todos los medios formas de competir que no están basadas en la guerra de precios: El "confusopolio".

Pues nos quedan pocas alternativas, la publicidad, que en este caso asigna recursos que no benefician al consumidor ni crean valor, o el tratar de mejorar el producto.

Pero ya hemos dicho que nuestro producto es ya muy difícil de mejorar de forma realmente significativa y beneficiosa para el consumidor. O dicho de otro modo, de forma que justifique la asignación de recursos que se emplea en esta mejora.

Y aquí es donde nos encontramos con el gran absurdo. Si la empresa A "pasa" de tratar de mejorar el producto, lo va a hacer la empresa B y se le va a comer cuota de mercado, ya que cualquier mínima mejora (convenientemente publicitada) va a suponer la única diferencia que el público va a percibir entre productos virtualmente idénticos. Y ya tenemos el círculo vicioso o la carrera sin final. Ambas empresas asignarán recursos humanos, económicos, creativos... a realizar mejoras minúsculas en el producto que no cambiarán significativamente su rendimiento pero que serán publicitadas como revolucionarias.

Ejemplos? Hay muchos: Detergentes de todo tipo, pañales, artículos de higiene femenina,... y el que da título a este artículo, las maquinillas de afeitar desechables.

Desde hace mucho tiempo, salen regularmente al mercado nuevos modelos "revolucionarios" de maquinillas cuyo único avance es un incremento en el número de cuchillas. Yo me sigo afeitando con un modelo de tres cuchillas y ya van, creo, por las cinco. En campañas de promoción he probado algunos de los nuevos modelos y no he notado una diferencia significativa en la suavidad de mi afeitado (ni las mujeres se han arrojado a mis pies más de lo habitual). ¿Hasta donde llegaremos? ¿Cuál será el número de cuchillas que garantice "el afeitado perfecto"? ¿Son rentables para la economía y para la sociedad los esfuerzos dedicados a lograr estos "importantes" avances? ¿No se podrían asignar mejor todos estos recursos?

Como siempre, las respuestas se me escapan.

Y aquí alguien que ha llegado a la misma conclusión que yo, y no lo había leido antes de escribir el artículo.

lunes, 6 de junio de 2011

Pasmo nº 49: Una novedosa teoría econónomica: El "confusopolio"

NOTA: La parte sustancial del contenido de esta entrada está inspirada en las teorías del economista y humorista americano Scott Adams, autor de la tira cómica "Dilbert".

La mayoría de la gente (y de los economistas) hoy en día son conscientes de que el "libre mercado" tal como lo definía Adam Smith es una utopía, posiblemente tan inalcanzable como el "paraiso comunista".

El propio Smith, de hecho, reconocía que un escenario de "libre competencia" no dejaba de ser un modelo teórico ya que las condiciones necesarias para su desarrollo nunca se dan en la realidad.

Por supuesto hay por ahí un grupúsculo de gentes que aún creen en las virtudes del liberalismo sin límites, algunos de ellos se hacen llamar "Anarcocapitalistas"

Los demás, la gente de a pie, nos damos cuenta de que, en realidad, los mercados dejados a su albedrío no tienden a la libre competencia sino, muy al contrario, tienden ferozmente al monopolio. Toda empresa triunfadora va a tratar de eliminar de todas las maneras posibles (legales y en ocasiones ilegales) a la competencia aprovechando todos los fallos del sistema que surgen al aplicar un modelo teórico en la realidad.

Aquí un (para mi) interesante debate sobre el tema (el debate está en los comentarios).

En mi opinión no hace falta ser un genio para percatarse de lo que empresas como Microsoft habrían hecho hace tiempo con el mercado mundial de su sector si no hubiera regulaciones en defensa de la libre competencia.

Pero no es sólo la feroz tendencia al monopolio uno de los problemas del libre mercado para funcionar correctamente. Otro es lo que el humorista Scott Adams denomina el "Confusopolio". Para explicar lo que significa volvamos a Adam Smith.

El gran economista propugnaba que en un mercado con libre circulación de la información e inexistencia de barreras a la entrada (condiciones utópicas), las empresas irían reduciendo sus márgenes de beneficio hasta que sus ingresos fueran iguales a sus costes. En el momento en que una empresa tuviera un beneficio mayor que cero, surgiría automáticamente otra empresa (¡Plop!) que bajaría los precios (los costes son los mismos ya que en este modelo teórico la tecnología fluye libre y equitativamente). Al haber libre y total circulación de la información TODOS los clientes se irían en masa a esa nueva empresa. La conclusión final es que ninguna empresa podría tener Beneficio mayor que cero; trabajarían para cubrir costes (incluyendo sueldos, retribución al capital, etc...)

¿Como impiden las empresas que el mercado pueda tender (aún dentro de lo utópico del asunto)hacia esta situación completamente indeseable para ellas? Pues creando "confusopolios". Es decir sectores enteros donde al individuo medio (usted y yo, sin ánimo de señalar) le resulta imposible determinar qué empresa ofrece el precio más bajo. De esta forma todas las empresas consiguen su parte del pastel, y el tamaño de esta porción dependerá únicamente de la pericia con que consigan "persuadir" con su publicidad a los clientes incautos (sí, sí, usted y yo).

Según Scott Adams, los profesionales del marketing se dedicarán fundamentalmente en el futuro a disfrazar el coste real de sus productos para hacer que su empresa tenga éxito como confusopolista.

Me dirán ustedes que todo esto es una estupidez y que como clientes son ustedes perfectamente capaces de distinguir entre productos caros y baratos.

Vale, a lo mejor yo soy idiota pero, ¿son ustedes capaces DE VERDAD de clasificar por orden de tarifas a las compañías de telefonía?. ¿Y a las de seguros? ¿y los servicios financieros?

Pero es que el otro día yo mismo (ya hemos quedado en que puede que sea idiota) fui a comprar una tele y me encontré con una maraña de especificaciones técnicas que no comprendía. Acudí a un vendedor que no fue capaz de explicarme (o no quiso hacerlo) exactamente las ventajas de cada característica (vale, 100Mhz es más que 50 Mhz, pero ¿el ojo humano es capaz de distinguir la diferencia? ¿Justifica eso todo el incremento de precio?)

Luego me fui a otra tienda, donde los modelos que vendían no eran exactamente los mismos, con lo cual no podía comparar precios de forma indubitable. Pero es que las características que ponía en los televisores de la nueva tienda no se parecían a las que ponía en la primera tienda. O evaluaban otras características o la notación era diferente, ¡qué se yo!

Al final, he de reconocer que desconozco si me llevé la TV con mejor precio para su nivel de prestaciones (que sí, que vale, que soy idiota). Mi compra fue decidida por un método de análisis avanzado basado en dos premisas:

1. La tele que elegí era de una marca "conocida".

2. El vendedor (que tenía cara de buena persona, eso sí), me dijo que era "muy buen" televisor.

Finalmente me fui a mi casa muy contento con mi televisor nuevo y una desagradable comezón en las tripas.

Pues eso. Otra forma más que tienen las empresas de burlar ese liberalismo que se supone que beneficia al consumidor al aumentar la competencia. ¿A ustedes les convence? ¿O quizás entienden de televisores más que yo?

martes, 8 de diciembre de 2009

Pasmo nº16: ¿Arde Internet?


Estos días todos hemos oido hablar del follón ocasionado por ese apartado de la "Ley de economía sostenible" que en principio iba a permitir que se cerraran ciertas páginas web "piratas" por vía administrativa, es decir, sin orden judicial.

Aparte del debate un tanto coyuntural sobre si esa ley es excesiva o no, voy a tratar de ir, como trato siempre, con mayor o menor éxito, al fondo del asunto.

Porque lo que me provoca pasmo de todo este follón es la banalidad y la simpleza con la que desde diversos medios se ha tratado un tema que para mi es extraordinariamente complejo.

Estos días he escuchado por la radio frases como:

- "Bueno, a nadie le gusta que le roben ¿no?"
- Cuando alguien hace un trabajo se le debe pagar.

- Bajarse un CD de internet es como robarlo del hipermercado.

...

Claro, exponiendo así el asunto, está claro. ¿Quién no va a estar de acuerdo? El que se descarga contenidos de Internet es un ladrón y como tal hay que perseguirlo. Sólo queda ponerse de acuerdo en la forma de hacerlo: de forma particular internauta a internauta, atacando a las webs que permiten esas descargas,...

Pues bien, permitanme que diga que esta es una forma totalmente ingenua y pueril de abordar un problema mucho más de fondo.

Y ese problema es la obsolescencia y consecuente desaparición de todo un modelo de negocio; el de la distribución de contenidos intelectuales.

Nadie en su sano juicio discutirá que si alguien hace una canción o escribe un libro y esa canción o libro son disfrutados por el público, esa persona debería cobrar por su trabajo. (Quizás discutiríamos si debe seguir cobrando TODA su vida por algo que hizo hace 20 años pero bueno, ese es otro tema).

Lo que sí discutimos muchos es porqué deben cobrar unos intermediarios que, a causa de la tecnología, se han vuelto innecesarios.

Yo no me niego a pagarle al autor lo suyo, pero es que si me compro un CD, estoy pagando 20 eurazos que NO van al autor, van en su mayor parte a una compañía discográfica cuyo trabajo es superfluo. No lo necesito para disfrutar del contenido que quiero.

El problema es que un sistema ha muerto antes de que haya crecido otro sistema coherente que lo sustituya, un sistema que permita a los autores vivir de sus contenidos.

¿Y por qué no ha crecido ese sistema? Porque del negocio de los contenidos intelectuales vive mucha gente que no son autores, gente que ve que su forma de vida se les escapa entre los dedos y que trata de preservar el status quo (o sacar la mayor tajada posible antes de tener que buscarse la vida por otro lado).

Las nuevas tecnologías hacen que los contenidos puedan llegar de forma mucho más directa (y por lo tanto barata) a los usuarios, pero también hacen que sea más difícil cobrar por la distribución de esos contenidos. O por lo menos hacen difícil cobrar por ellos o vivir de ellos de la manera "tradicional".

Seamos imaginativos ¿creen realmente que autores como Pérez Reverte o grupos como "El canto del Loco" (por nombrar algunos exitosos) no van a poder vivir de su arte por culpa de Internet?

Y siguiendo con la imaginación, hay grupos que permiten bajar de sus webs gratuitamente sus canciones, consiguiendo una repercusión que jamás habrían podido lograr a través de los medios tradicionales (las totalmente mercantilizadas radiofórmulas que ponen a quien paga) y viviendo de los conciertos. ¡¡Internet ayudando a los autores!! Quién lo diría.

Por cierto, a algunos de estos autores les han puesto pleitos SUS PROPIAS DISCOGRAFICAS por distribuir gratis esos contenidos. Fíjense qué respeto al autor y a su propiedad intelectual.

Esto son casos reales, pero imagínense a un escritor de éxito, con miles y miles de lectores, que nos hace la siguiente propuesta: "Yo les dejo descargar de mi página web todas mis novelas, garantizando el contenido íntegro y bla bla (que una descarga pirata no les garantiza) y no les voy a cobrar nada, no es obligatorio pagar (porque pueden obtener el mismo contenido gratis en mil sitios), pero piensen por un momento que yo vivo de esto. Si yo no recibo ninguna retribución tendré que dejar de escribir novelas. Por eso se ruega que cada persona que descargue una de mis obras ingrese un euro (de una manera tecnológicamente sencilla y segura)"

¿Creen ustedes seriamente que autores de éxito como Pérez Reverte, Gala o J.K. Rowling se morirían de hambre? Si usted realmente admira y sigue a ese autor ¿no pagaría usted un euro? SÓLO UN EURO, NO 25, ya que nos ahorramos papel, imprenta, transporte, intermediarios,...

O sigamos imaginando. ¿No es posible que ciertas empresas e instituciones (obras sociales de Cajas de Ahorro, p. ej.) ejercieran como mecenas de ciertos autores sólo por ver sus nombres asociados y que el consumidor supiera que son ellos los que permiten que se disfrute de esa obra o de esa canción?

Yo creo que esos son los caminos por los que hay que ir, y no por los de la persecución ni la prohibición. Y los distribuidores e intermediarios que se vayan buscando otro trabajo. La vida es dura: El tren acabó con la diligencia, el cine sonoro con el mudo,...

Lo que no se puede hacer NUNCA tratar de contener y limitar, por mantener tu modo de vida, un progreso tecnológico que puede mejorar la vida de toda la población.
Y ahora es cuando mis lectores habituales (y espero que alguno no habitual) me dicen que no tengo razón y me discuten con brillantes argumentos. Adelante, no se corten,...

miércoles, 28 de octubre de 2009

Pasmo 11: Publicidad de juguetes ¿publicicidad sexista?


Como ya habrán apreciado mis (pocos) lectores habituales, los temas referidos al marketing y a la publicicidad me interesan especialmente.
En estas fechas tan entrañables que ya tenemos aquí (y quien lo dude que eche un vistazo a los anuncios de TV), no puedo menos que recordar un tema sobre la publicidad de juguetes que ya hace tiempo me desazona.

Los lectores perspicaces hace ya tiempo que tendrán claro que la publicidad tiene varios modos (argumentos) de llegar a influir en su "target". Algunos argumentos son eminentemente racionales: tu tienes un problema y mi producto te lo va a solucionar así o asá. Bien, correcto, ningún problema.
Otros son claramente emocionales y tratan de hacernos ver cómo un determinado producto va a cambiar nuestra vida, nuestra personalidad, nuestras relaciones,... Nos va a hacer felices vamos.
Entre estos últimos no faltan aquellos que yo llamo "aspiracionales" porque se dirigen no a su público objetivo, sino a quien su público objetivo querría ser. ¿Quién no ha visto anuncios de productos de limpieza protagonizados por "amas de casa" jovencísimas, monísimas, elegantísimas y con unos hijos rubios y con ojos azules?. ¿Son así las amas de casa españolas? ¿Y no saben que no son así? Pues claro que lo saben, no son idiotas, pero en el fondo es así como querrían ser y posiblemente es así como se sienten. La mente humana es complicada.
También hay anuncios de productos de bollería-pastelería dirigidos a niños, que están protagonizados por adolescentes que ya se afeitan. El anunciante sabe que su público objetivo es mucho más joven, pero también sabe que el componente aspiracional, las ganas de ser mayores, en los niños es muy fuerte.
Y así entro ya ¡por fin! en el núcleo de mi exposición. Los niños son prácticamente todo aspiración. La fuerza de los niños está en su potencialidad, no en sus logros, de ahí su enorme imaginación.
Por ello los anuncios de juguetes son promesas de vidas futuras imaginarias. La inmensa mayoría de los juguetes están basados en la vida (más o menos idealizada) de los adultos y, de hecho, los muñecos y muñecas con los que juegan los niños suelen representar a personas adultas o al menos mayores que los niños que juegan con ellos. Los muñecos en forma de bebé no son en realidad una excepción puesto que también proyectan la mente del niño o niña hasta un estadio adulto en el que ya es padre o madre.
Y aquí es donde se encuentran claras diferencias entre los juguetes para niños y para niñas.
El contenido aspiracional de los juguetes para niños (varones) es claramente fantástico, inalcanzable. Abundan los superheroes, los piratas, los alienígenas. Es imposible que los niños alcancen EN NINGUNO DE LOS CASOS ninguno de estos estatus. Los niños lo saben (al menos a partir de ciertas edades bastante tempranas) pero no parece importarles. Excepto casos muy raros diferencian perfectamente la ficción (el juego) de la realidad.
En cambio, a mi me deja atónito comprobar (Hay que ver en que cosas me fijo) que las aspiraciones que se les presentan a las niñas a través de sus juguetes son perfectamente realistas y alcanzables.
Las niñas no vuelan ni salvan el mundo: maquillan o cortan el pelo. Los ídolos de las niñas no son superhéroes ni grandes guerreros, han sido tradicionalmente Barbie, una joven profesional de éxito elegante y preciosa, y actualmente las adolescentes y "supernormales" Bratz (Echenle, échenle un ojo a su web y verán a que me refiero).
Al parecer Barbie era un modelo demasiado lejano para muchas niñas y las Bratz (el pelotazo de estos pasados años) representan simplemente a unas adolescentes obsesionadas por las amigas, la moda y salir de fiestas. Es decir, un futuro cercano y que, desgraciadamente, se convertirá en realidad para la niña en tres o cuatro años.
Pero ¿qué lleva a una niña a jugar a ser algo que podrá ser REALMENTE en tres años? ¿No parece, en principio (desde mi mentalidad masculina) más enriquecedor y divertido para un niño jugar a algo cuanto más fantasioso mejor?
Aparte de esto, traten de contar cuantas veces aparecen las palabras: moda, "fashion", "in", "trendy", ropa, complementos,... en los anuncios para niñas.

Entiendo que los anunciantes ni publicistas no tienen ninguna obligación (salvo quizás la moral) de educar ni influir positivamente en la sociedad, tan sólo buscan ganar dinero. Para ello no se fijan en como la sociedad DEBERÍA ser sino EN CÓMO ES.
¿Y entonces por qué esta diferenciación tan clara entre ambos tipos de anuncios?
- ¿Pese a lo que dicen algunos grupos feministas (no todos) hay clarísimas diferencias psicológicas entre chicos y chicas?.
- ¿Son las chicas menos imaginativas y más pragmáticas y por ello prefieren jugar con juguetes que les muestran futuros "alcanzables"?
- ¿Las grandes jugueteras tienen intereses en el mundo de la moda, cosmética, etc... y ya desde pequeñistas lavan el coco a nuestras niñas para que de mayores sean "fashion victims" y compradoras compulsivas?
No lo sé, pero desde luego el tema, que al final se reduce al famoso "los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus" puede dar para largo.

jueves, 27 de agosto de 2009

¿Deformación profesional?


Cuando me planteo cuestiones como las que plasmo en este blog hay gente que entra al debate y otros que sencillamente me dicen (probablemente con razón): ¿Y a ti que más te da por qué la gente viaja o se pone piercings?
Y es verdad, yo también me lo pregunto ¿y a mi que más me da? ¿Por qué esa malsana curiosidad? ¿compartirá alguien además de mí este espíritu indagatorio (o sea, ¿leerá alguien mi blog?)?
He llegado a la conclusión de que es una especie de deformación profesional.
En el terreno del marketing y de la publicidad siempre se inquieren las razones últimas y verdaderas de los actos de consumo.
Siempre hay una serie de razones para comprar que son las que los consumidores confiesan (a veces incluso a sí mismos) y luego están las razones ocultas y reales que muchas veces están basadas en sentimientos e incluso (dicen) en el subconsciente.
Conocer estas razones permite lanzar mensajes que realmente atacan al núcleo del acto de consumo y son mucho más efectivos. Véase el hecho de que la mayoría de la publicidad es marcadamente emocional cuando lo lógico sería utilizar argumentos racionales y objetivos.
Por poner un ejemplo tonto y muy evidente, si quiero vender un abrigo de pieles nunca hablaré de sus propiedades térmicas. De una manera más o menos subrepticia trataré de lanzar mensajes que, aunque vagos, aludan al prestigio social, al atractivo sexual, a la vanidad...
Este caso es muy obvio e incluso, como ya he dicho, un poco tonto, pero muchas veces las cosas no están tan claras. Incluso en ocasiones, como también he dicho, el consumidor se niega a sí mismo las razones últimas de sus compras/consumos (o eso dicen algunos "marketineros").
Bueno, pues todo este rollo en el que no cuento nada nuevo ni que no sepais es una especie de justificación.
Quizás he tenido demasiadas reuniones (poco exitosas en general) intentando averiguar con unos cuantos "expertos" porqué los clientes (los muy puñeteros) dejaban de comprar tal o cual cosa (cuando las ventas van bien nadie se hace demasiadas preguntas).
El caso es que se me ha quedado esa manía de inquirir: ¿por qué hacen estas cosas tan raras "en realidad"?
Tan sólo espero que algunos tengais estas mismas curiosidades o al menos que seais tan amables que me ayudeis a satisfacerlas.